La combinación de dos universos aparentemente opuestos fue el punto de partida de este proyecto: un dron como protagonista y la estética de los videojuegos de los años 80 como fuente de inspiración.
A partir de ese contraste desarrollamos un lenguaje visual capaz de combinar tecnología, nostalgia y juego en una misma identidad.
El desafío consistió en reinterpretar los códigos gráficos del universo arcade y trasladarlos a un evento de innovación tecnológica, creando un sistema visual dinámico, reconocible y con personalidad propia. El resultado fue una identidad capaz de conectar dos generaciones a través de un imaginario común.




